Como en muchos órdenes de la vida, la primera impresión entra por lo visual, lo que se ve, lo que podemos apreciar de un paisaje, de una persona, de una historia, etc.
A partir de esa primera fotografía que sacamos mentalmente construimos interpretaciones que pueden ser acertadas o erróneas de acuerdo al caso, pero reglas del poker que siempre estarán teñidas de esa primera impresión a la que nos remitimos cada vez que nos haga falta.
En el póker la constitución de una imagen tiene mucha más trascendencia que lo que podemos suponer. Esto se debe a que cada paso es detalladamente estudiado, y cada movimiento del adversario conlleva un cúmulo de presunciones que pueden cumplirse como imaginábamos o ir en camino contrario y descolocarnos.
La presencia frente a los demás en el póker da indicios al contrincante y, a partir de allí puede indicar signos sobre cada jugada.
Ese es otro de los encantos bono poker del póker: elaborar en la mente del resto de los jugadores una idea de lo que somos, de nuestros posibles movimientos, de lo que pretendemos hacer y hacer creer.
Como un juego de emociones, en el póker extrañamente es necesario saber ocultarlas, disimularlas o mostrarse de modo tal que después sea posible despistar al rival.
Todo un reto, una puesta en escena de lo que se quiere evidenciar y de lo que se quiere mantener en el más profundo secreto. Todo en pos de la estrategia. Estrategia de juego y de vida. Así es el póker; un desafío sobre nuestras capacidades de convencer y hacer creer y de ocultar para alcanzar la ansiada victoria.



